El creacionismo que nos atenaza
by jordalgar
Señor Editor, Me dirijo a usted en la seguridad de que encontraré en su web (bien conocida por su independencia al no estar sometida a ningún grupo de presión) la comprensión que no he encontrado en otros foros que dicen de sí mismos, hipócritamente, estar al servicio del ciudadano. Paso, sin más dilación, a exponer la desafortunada situación que me afecta tanto a mí como a otros compañeros míos que prefieren, comprensiblemente, permanecer en el anonimato. Con todo el respeto que me merece la comunidad cristiana -yo soy agnóstico, pero conozco a muchos tiranosauros rex que además de gays son cristianos y sin embargo son bellísimas personas- tal afirmación sobre el momento de la “aparición” de la Tierra me movería a la risa más desencajada si no fuera por sus irresponsables implicaciones. Por ejemplo: en el museo se sostiene que, visto que la Tierra no tiene más de 6000 años de edad, se desprende que, en su tiempo, nosotros los dinosaurios convivimos con los humanos, cosa que nos coloca en una situación cuando menos embarazosa. Porque, vamos a ver: esta peculiar datación de la que estamos hablando supondría que nosotros los dinosaurios “aparecimos” también al mismo tiempo que la agricultura organizada egipcia, la cual -se puede consultar en cualquier manual serio- ya existía, más o menos, a partir del año 6000 antes de Cristo. De aquí a acusar a amigos míos de comerse las cosechas del Valle del Nilo, causando documentadas hambrunas que en realidad fueron consecuencia de las inclemencias naturales y de la incompetencia del faraón de turno, hay un paso, y hasta ahí podíamos llegar. Al escribir esto pienso especialmente en la injusticia que se cometería contra muchos tiranosauros rex amigos míos que además de ser gays y cristianos, también son vegetarianos y sin embargo son bellísimas personas. Y hablando de inclemencias naturales, detengámonos un momento en el llamado “diluvio universal”. Para empezar, parecería ser que el tal diluvio también ocurrió en el año 6000 antes de Cristo (eso sí que fue un annus horribilis y no 1992, con todos mis respetos para la reina de ese sitio que ustedes llaman Inglaterra), pero de universal, nada de nada. Un chaparrón del copón en Mesopotamia y pare usted de contar. Pues bien, según esos iluminados señores del “museo del creacionismo”, un tipo llamado Noé, haciendo uso de vaya usted a saber qué información privilegiada, construyó un barco imposiblemente enorme y metió ahí dentro “una pareja de cada especie animal existente, incluídos dos dinosaurios”. Le juro que lo dicen. Entonces empezó a llover, parece que a lo bestia, y el tipo, que puede que de construir barcos sí supiera, pero de conducirlos no, va y encalla aquella monstruosidad encima de un monte! Eso implica atribuir a los dinosaurios la categoría de discapacitados profundos! Porque, a ver ¿usted cree que un dinosaurio, en su sano juicio, se dejaría meter en una especie de contenedor de dimensiones inconcebibles para convivir -durante un lapso de tiempo que va entre cuarenta días y poco más de un año, que ya es llover- con según qué especies? (y que conste que no soy racista, pero convendrá usted conmigo en que convivir con un pollo gritón durante más de una semana, no es fácil) ¿y que un dinosaurio, y ya no digamos dos, haría eso sólo porque se lo dijera un señor que conduciendo barcos era más inepto que mi abuela haciendo de relojera, con aquellas manazas que tenía la pobre mujer, en paz descanse? Por favor! Claro que los “responsables” del museo dicen que el tal Noé cargó los animales en el barco como si fueran ovejas, en plan pastoreo. Intente usted pastorear un dinosaurio y verá lo que le pasa! Y ahora -me perdonará la indelicadeza, pero es que no tengo más remedio- pasemos a hablar de Adán y Eva, sus “primeros padres” de ustedes. Naturalmente también aparecieron en el 6000 antes de Cristo, faltaría más. Cito el “cuando”, pero no voy a entrar en el “cómo”. El conflicto moral que les pueda suponer que su “primer padre” fuera el resultado de una manualidad con barro más o menos afortunada, y que su “primera madre” fuera el resultado de una costilloctomía hecha a traición y sin anestesia, lo tienen que resolver ustedes. Yo en eso no me meto. Al fin y al cabo yo nací de un huevo, que reconozco que es más fácil. A lo que iba: según esos señores creacionistas, Adán, Eva, una serpiente, un manzano y un montón de dinosaurios vivíamos tan ricamente todos juntos en una especie de huerto de lo más fértil. Oiga, a ver, pensemos un poco ¿usted cree que un dinosaurio en un huerto pasaría desapercibido? Ya se lo digo yo: No. Y, por instinto natural, ¿qué haría una serpiente si viera un dinosaurio? Salir cagando leches y dejarse de la puñeta esa de estarse todo el día enroscada en un manzano de cháchara con una señora más bien ligera de ropa. Por lo tanto, el manzano quedaría libre de discursos tentadores y no habría habido eso que ustedes llaman “pecado original”, ni biblia, ni creacionistas, ni nada. Dicho sea de paso, en Oriente Medio, hace ocho mil años, no había manzanos. En fin, podría extenderme mucho más pero no quiero abusar de su paciencia. Estoy seguro que usted comprenderá la desazón de nuestro colectivo ante las consecuencias que se pueden derivar de la enanez mental de los señores del museo del creacionismo, y que no tendrá inconveniente de hacerse eco de ello en su dignísima web. Se lo agradezco de antemano, en mi nombre y en el de mis congéneres, incluídos los tiranosauros rex gays, cristianos y vegetarianos y sin embargo bellísimas personas. Atentamente,
Extinto Lapierre, dinosaurio. |